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Un ardiente premio


 

El ecofogón o cocina ecológica, fabricado y distribuido por Proleña, resultó ganador del premio de la Fundación Ashden de Inglaterra

Principal grupo de interés son las mujeres abandonadas por sus maridos, pues el ecofogón se convierte en el “machete”

María Escobar, originaria de Quebrada HOnda en Matagalpa, es madre soltera y mantiene a sus cinco hijos con la venta de tortillas y frijoles cocidos que logra con el ecofogón ubicado en el medio de su humilde vivienda, en el barrio Jonathan González, de Managua.

 

ECOFOGÓN

 

La innovación tecnológica y la función social de las cocinas ecológicas, conocidas como ecofogones, le valieron al Organismo No Gubernamental Proleña de Nicaragua para ganar el premio de 12,000 dólares otorgado por la Fundación Ashden para Energías Renovables de Inglaterra.

María Escobar, una de las muchas usuarias de este artefacto, aunque no sabía del premio, lo aplaudió porque para ella esta cocina le garantiza el sustento familiar.

María se dedica a vender tortillas y frijoles cocidos en su humilde casa, donde vive y cría sola a sus cinco vástagos, con edades que van de los 6 a los 14 años, entre ellos sólo hay una niña, quien le ayuda a María en la venta ambulante.

Después de buscar un ecofogón en todos los mercados de Managua, por referencia de Proleña fue localizada esta recia mujer que aparenta más de sus 40 años, quizás por el ritmo de vida que enfrenta, en una casita de madera donde apenas caben la cocina con sus enseres, un derruido sofá y a duras penas un biombo que separa el empobrecido dormitorio.

María se enorgullece de su cocina, que en “abonos suaves” (al crédito) le costó 600 córdobas, “jarana (deuda) que ya por gracia de Dios terminé de pagar”, aclara.

Ella es categórica en asegurar que el ecofogón le ha ayudado a ahorrar leña, “antes gastaba hasta 25 córdobas, ahora no gasto ni 10 en la compra de leña, pero la mayoría de las veces salgo con mis niños a buscar madera a los montes”, indicó.

María vive en el Barrio Jona-than González, en las inmediaciones de los semáforos de Enel, en Managua. Es madre soltera, “no tengo ayuda de nadie, pero a punta de esfuerzo tengo a todos mis hijos en la escuela”.

Según Rogério Carneiro de Miranda, fundador de Proleña en Nicaragua y actual representante para Sudamérica del ONG, “ganamos por la tecnología novedosa y porque va a alcanzar a las mujeres tortilleras abandonadas por el marido”.

PARA MADRES SOLTERAS

Según Carneiro, el premio Ashden servirá, junto a fondos aportados por el Rotary Club (Club Rotario) de Estados Unidos en conjunto con su homólogo en Nicaragua, para construir 800 cocinas mejoradas para pequeños negocios de nacatamales y tortillas de mujeres abandonadas por sus maridos.

“En muchas ocasiones los maridos se van del hogar, dejando a la mujer y los hijos pobres y sin educación. Para sobrevivir muchas veces se dedican a hacer tortillas, con cuatro piedras y una tapa de barril, ya tienen cómo ganar dinero y está en la casa con condiciones de trabajo primitivas”.

Los fondos Ashden y del Club Rotario permitirán brindar subsidios del 50 por ciento en el valor de las cocinas mejoradas, que normalmente cuestan 60 dólares.

El caso de María cabe en este parámetro, desde hace cuatro años, su compañero de vida se fue de la casa debido a que no había condiciones para atender una dolencia que padecía, “hablamos, él decidió irse donde su familia, pero desde que se fue no nos ayuda, dejó a sus hijos prácticamente botados, ni su familia que tiene recursos económicos nos ha brindado apoyo”, cuenta con la mirada entristecida.

Actualmente el proyecto, según Carneiro, es manejado en Nicaragua por una voluntaria brasileña que permanecerá en el país por un año, a través del proyecto denominado Pro-tortilla, dedicado a señoras que tienen negocios de nacatamales y tortillas en zonas rurales de Managua, Granada y León.

“Se les da mejores condiciones de trabajo a ellas, se elimina el humo y el gasto de leña, sólo en la compra de leña se ahorra el 50 por ciento del dinero, es más rentable el negocio y hay mejores condiciones higiénicas para las tortillas, porque no tiene humo, ni ceniza”, expresa Carneiro quien sostiene que el cambio en las condiciones de trabajo de las mujeres “es inmediato”.

LLENANDO VACíO INSTITUCIONAL

Proleña surgió en Nicaragua en 1996, como respuesta a un vacío en el sector institucional para trabajar con la leña, recuerda Carneiro, quien explica que tanto en Nicaragua como en Honduras, donde también funciona Proleña, del total de madera que se consume en el país, el 70 por ciento es usado para leña y el 30 por ciento restante tiene uso industrial.

“Sin embargo las autoridades forestales no se preocupan por ese 70 por ciento, se preocupan por el 30 por ciento y por las áreas protegidas”, expresa Carneiro quien también alude la falta de preocupación oficial en el país por la producción de energía mediante la madera. Según Carneiro, el 60 por ciento de la energía del país proviene de la leña.

“Por la leña, de la que viene la mayor parte de la energía, no hay nadie preocupado en cómo dar una leña de forma limpia, racional y sostenible. Por ello, creamos un ONG para intentar llenar un poco ese vacío, no trabajar de forma aislada y trabajar con el Gobierno”, recordó.

El fundador de Proleña, quien participó en el Congreso Internacional de Alimentación Escolar Redes más allá de las Fronteras, con el cual se puso en marcha la Red de Alimentación Escolar para América Latina (LA-RAE), explicó que en Nicaragua existe un desequilibrio entre oferta y demanda de leña. “Hay una demanda grande por la ineficiencia de los fogones y hay una oferta sostenible baja”.

Es por ello —señaló— que mediante Proleña “fomentamos la reforestación y reducimos el consumo para que tenga un equilibrio en la oferta y demanda”.

Proleña trabaja para garantizar oferta sostenible de leña, “que la leña que usamos no venga de deforestación”, garantizar el uso eficiente y limpio, es decir más moderno de la leña y el uso de leña para generar energía eléctrica.

ALTERNATIVA EFICIENTE

En este sentido, el ecofogón o cocina ecológica surgió como alternativa para la utilización más eficiente de la madera destinada a leña y para mejorar las condiciones de quienes hacen uso de la leña para cocinar, al eliminar el humo.

“Cuando se usa leña se necesita calor no humo. Empezamos a trabajar un proyecto para desarrollar una cocina ecológica y económica. Desarrollamos el ecofogón o rocket stall, que tiene un sistema de combustión eficiente. Hay una parrilla en la que se eleva la leña, hay aire por abajo y arriba, hay más oxígeno en la leña, dentro de ese ambiente hay un aislante térmico, que guarda el calor y aumenta la temperatura de combustión y hay una pequeña chimenea”, explicó Carneiro.

La cocina ecológica cuyo tamaño es de 60 centímetros por 60 centímetros es multiuso, pues pueden usarse varias ollas o una olla grande, también las hay con horno.

Al final de la conversación, María Escobar, la usuaria del ecofogón, agradeció a Proleña y a Carneiro en especial, por la promoción del artefacto que es ahora el único sustento económico de su familia, logrando ingresos diarios de unos 60 córdobas, “para eso todos los días debo estar en pie desde las tres de la mañana”, aclara ante la mirada curiosa de dos de sus hijos que dejaron de jugar con su pequeña mascota, la perrita “Negra”, para observar la cámara fotográfica y la grabadora con tal asombro como si fuesen artículos venidos del espacio.

EXPORTANDO TECNOLOGIA

En Nicaragua, Proleña montó una fábrica con financiamiento de la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos (USAID). En ésta se producen 100 ecofogones mensualmente para el mercado local.

“Dimos a conocer a la gente que tiene opciones, que si quiere usar cocina de leña puede usar la cocina tradicional o la moderna. El 55 por ciento de la población nicaragüense usa leña, de éstos sólo el 5 por ciento tiene cocina mejorada, pues son atendidos por el ONG. El resto no tenía acceso a tecnología e información”, recuerda Rogério Carneiro de Miranda, fundador de Proleña en Nicaragua.

Proleña también desarrolló un proyecto con Maseca, mediante el cual esta última regala a sus mejores tortilleras una cocina ecológica. “Es un proyecto financiado por el BID (Banco Interamericano de Desarrollo), Posaf (Programa Socio Ambiental y de Desarrollo Forestal) que compra cocinas para donar a la gente en el campo”, mencionó Carneiro.

El ecofogón fue resultado de un proyecto de cooperación de doble vía entre Brasil y Nicaragua sobre modernización de uso de la leña, “donde nosotros (Brasil) llevamos un sistema de producción forestal moderno, un sistema de producción de carbón vegetal moderno y estudios del uso de madera para generar energía eléctrica y de Nicaragua para Brasil llegó el ecofogón”.

A MAS GENTE

Proleña se propone llegar a un público más amplio, pero de bajos recursos, con lo que la cocina resulta muy costosa, aún con subsidios del 50 por ciento. Su precio promedio de mercado es de 60 dólares. Recientemente los promotores de esta tecnología hicieron una prueba con 150 cocinas que comercializaron a 17 dólares, que fueron compradas en su totalidad. “Sabemos más o menos el precio que quiere pagar la gente, ahora tenemos que desarrollar una cocina a ese precio o buscar subsidios”, señaló Rogério Carneiro de Miranda, fundador de Proleña en Nicaragua.

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